Da la impresión de que las tecnologías digitales y de comunicación cuando
empleadas en la educación, transforman el proceso de aprendizaje no solamente
en su forma sino en su fondo. En la forma porque las herramientas creadas para
diferentes fines, facilitan la comunicación y el acercamiento a un mundo más moderno.
Y la transforman en su fondo, por la descentralización del proceso. En años atrás, aunque eso
todavía está en proceso de renovación, la educación era vista de una forma
vertical, en donde el docente era quien poseía los conocimientos y los
transmitía a los estudiantes. Con las nuevas tecnologías, los aprendices o
educandos, son protagonistas directamente participes de su propia educación. El
contacto directo con el conocimiento a través de las diversas herramientas, hace
que el educando sea quien se eduque, y no meramente un ser que recibe
conocimiento.
El aprendizaje hace parte de nuestra naturaleza humana. Desde que somos bebés, aprendemos directamente del mundo y de nuestra relación con nuestros padres. Y este tipo de aprendizaje se extiende hasta que la vida termina. Pasamos gran parte de nuestras vidas aprendiendo en salas de aula. Recibimos contenidos que son considerados como básicos. Sin embargo el cómo se aprenden esos contenidos, y la razón de los contenidos mismos, está cambiando, pues el mundo del aprendizaje ha pasado de ser un ente permanente, a ser una entidad dinámica que se autotransforma en respuesta a los cambios de la sociedad. Actualmente no es suficiente el tiempo que se pasa en salas de aulas cuando somos jóvenes, ya que debe existir una constante renovación y actualización de lo que se aprende. El ambiente laboral exige un aumento en la calidad a través de la obtención de nuevas competencias. Y el medio digital y las tecnologías de comunicación han facilitado ese proceso de actualización.
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